Cuando practicaba alemán por WhatsApp con nativos, tenía un hábito.
Antes de mandar un mensaje, chequeaba todo:
- la declinación de los verbos
- el género de los sustantivos
- el orden de las palabras
Todo tenía que estar perfecto.
Y también me preguntaba:
- ¿cuál es la herramienta que me falta?
- ¿qué app, qué función de WhatsApp me va a evitar los errores?
- ¿cómo hago para no molestar a la otra persona con una corrección?
Pero esto era un intercambio de idiomas (no eran comunicaciones profesionales o high-stakes). Equivocarse era parte del plan.
El problema no era mi alemán. El problema era mi miedo a mostrarme imperfecto.
Y eso tiene una consecuencia simple: si escondo el error, nadie me puede ayudar a resolverlo.
No me queda otra opción que seguir repitiéndolo. O pretender que no existe.
Un error invisible no se puede corregir.
Para admitirlo ante otra persona, primero tuve que admitirlo ante mí mismo.
Entonces empecé a mandar los mensajes sin chequear (sí, con errores y todo).
¿Qué pasó? Nadie se enojó ni se ofendió. Casi siempre me corregían con gusto.
Y pasó algo más: mi error les daba permiso a ellos para equivocarse también. La conversación se volvía más real y con menos filtros.
Por eso, si estás practicando escritura o conversación en español, no maquilles tus mensajes o tus audios.
Mandá el mensaje con errores y todo (imperfectos). Mostrale a tu tutor o a tu intercambio qué es lo que no sabés.
Es la única forma de aprender y cambiar eso que necesitás cambiar.
En Perro que habla no muerde (B2), Jaime tiene 6 años y les tiene miedo a los perros. Para conectarse con su valentía, primero tiene que mirar de frente lo que le da miedo. Es un libro para lectores/as intermedios. Está disponible en papel, ebook y audiolibro.