Cuando practicaba alemán por WhatsApp con nativos, tenía un hábito.

Antes de mandar un mensaje, chequeaba todo:

  • la declinación de los verbos
  • el género de los sustantivos
  • el orden de las palabras

Todo tenía que estar perfecto.

Y también me preguntaba:

  1. ¿cuál es la herramienta que me falta?
  2. ¿qué app, qué función de WhatsApp me va a evitar los errores?
  3. ¿cómo hago para no molestar a la otra persona con una corrección?

Pero esto era un intercambio de idiomas (no eran comunicaciones profesionales o high-stakes). Equivocarse era parte del plan.

El problema no era mi alemán. El problema era mi miedo a mostrarme imperfecto.

Y eso tiene una consecuencia simple: si escondo el error, nadie me puede ayudar a resolverlo.

No me queda otra opción que seguir repitiéndolo. O pretender que no existe.

Un error invisible no se puede corregir.

Para admitirlo ante otra persona, primero tuve que admitirlo ante mí mismo.

Entonces empecé a mandar los mensajes sin chequear (sí, con errores y todo).

¿Qué pasó? Nadie se enojó ni se ofendió. Casi siempre me corregían con gusto.

Y pasó algo más: mi error les daba permiso a ellos para equivocarse también. La conversación se volvía más real y con menos filtros.

Por eso, si estás practicando escritura o conversación en español, no maquilles tus mensajes o tus audios.

Mandá el mensaje con errores y todo (imperfectos). Mostrale a tu tutor o a tu intercambio qué es lo que no sabés.

Es la única forma de aprender y cambiar eso que necesitás cambiar.

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