¿Cuál es la forma más efectiva de leer contenido para aprender un idioma? ¿Rápido o lento? Depende de qué es lo que queramos practicar y desarrollar. Leer rápido tiene sus ventajas, y lo mismo sucede con leer lento. Por eso, una buena idea es tener materiales que podamos usar para leer rápido y otros tantos para leer a un ritmo más lento.

Una de las razones para leer rápido es la posibilidad de practicar fluidez en la lectura. Leer y seguir adelante, no detenernos tanto a buscar palabras desconocidas. Sumergirnos en el contenido y dejarnos atrapar por lo que estamos leyendo. Divertirnos y pasar un buen rato. Para poder hacer esto, uno de los requisitos es la comprensibilidad. Es decir, necesitamos usar material que entendamos bastante bien, sin demasiadas palabras o frases desconocidas. Contenido “fácil”.

La lectura lenta, en cambio, la vamos a poner en práctica con materiales un poco más difíciles. La idea en este caso es enfrentarnos al desafío, a la dificultad. Buscar muchas palabras en el diccionario, tomar notas, leer y releer las mismas oraciones. Examinar, analizar la construcción y la gramática de una frase que no entendemos. Como se trata de un trabajo un poco más arduo, más cansador, conviene hacerlo con moderación para no agotarnos.

¿Cuánto tiempo destinar a cada tipo de lectura? En principio, podemos probar con usar algo así como la cuarta parte del tiempo para lectura lenta y el resto para lectura rápida. Por ejemplo, si tenemos dos horas por día para leer en español, podemos usar media hora para leer cosas difíciles y la hora y media restante para leer cosas fáciles. De esa manera vamos a tener un tiempo de práctica y estudio intenso (lectura lenta) y un momento de relax (lectura rápida) 🙂.